Estrujar el orujo para sacar el mosto que no escurrió solo.
Tras la lágrima —el mosto que cae solo— llega el prensado. Más presión, más extracción, más rusticidad. El vino de prensa no es basura: es otra pieza del ensamblaje.
Un lágrima, en cambio, se queda con lo que escurrió sin fuerza.